¿Qué es la energía verde y cuáles son sus ventajas?
Un ejemplo de energía renovable que no siempre se considera verde es la gran hidráulica, ya que las centrales de más de 10 MW pueden generar impactos significativos y en algunos casos irreversibles sobre los ecosistemas fluviales.
En palabras de Coble, “la gran hidráulica es renovable, pero su impacto en el entorno fluvial puede ser poco asumible, lo que impide clasificarla como energía verde”.
El debate sobre el gas y la energía nuclear
Existe también el debate de si el gas natural y la energía nuclear deben o no formar parte de la Taxonomía de la Unión Europea (un listado que recoge todas aquellas actividades económicas consideradas ambientalmente sostenibles). Tras un largo debate, se ha optado por incluirlas, una decisión que tiene numerosos detractores.
Desde un punto de vista técnico, estas fuentes no cumplen plenamente los criterios de energía verde:
- El gas natural es un combustible fósil y genera emisiones de gases de efecto invernadero.
- La energía nuclear produce residuos radiactivos de gestión compleja y depende del uranio, un recurso finito a escala humana.
Su inclusión responde a consideraciones de seguridad energética y transición, pero sigue siendo objeto de controversia entre expertos y organismos ambientales.
Aliadas clave para la transición energética
Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), los combustibles fósiles cubren el 80% del consumo energético mundial, a pesar del crecimiento acelerado de las renovables. En paralelo, la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA) estima que el sector de las energías renovables ya emplea a más de 13,7 millones de personas en el mundo, consolidándose como uno de los principales motores de empleo de la transición energética.
Además, el mundo deberá triplicar su capacidad de generación renovable en esta década si quiere cumplir con los objetivos del Acuerdo de París, según la AIE. Y España, con su potencial natural y tejido empresarial, puede ser uno de los motores europeos.
“Estas energías no emiten gases de efecto invernadero u otros gases contaminantes que promueven el cambio climático o aumentan los niveles de contaminación durante la fase de producción. Por consiguiente, son las aliadas imprescindibles para obtener energía de forma sostenible”, explica Coble.
Durante su fase de generación, estas fuentes no emiten gases de efecto invernadero ni contaminantes atmosféricos, lo que las convierte en una herramienta esencial para mitigar el cambio climático. Además, tienen un impacto positivo en la economía:
- Generan más empleo que las energías convencionales (hasta cinco veces más empleo según estimaciones del propio Coble).
- Reducen la dependencia energética del exterior.
- Refuerzan la seguridad energética en contextos de inestabilidad geopolítica.
Por otro lado, las energías verdes y renovables son beneficiosas para el tejido laboral de los países. De acuerdo con Coble, crean hasta cinco veces más puestos de empleo que las energías convencionales y limitan la dependencia energética del exterior.
“La energía verde tiene un papel clave en la transición energética debido a su bajo impacto ambiental. Ofrece una alternativa a las energías no renovables, ayuda a combatir el calentamiento global y además garantiza independencia energética a cada país”, señala Coble. “Esto cobra aún más importancia cuando se avivan los conflictos, como ha sucedido con el de Rusia y Ucrania, al depender la Unión Europea en más de un 46% del gas y petróleo procedentes de la Federación Rusa”.








