¿Qué son las finanzas de transición y por qué son clave para la industria?
Por otro lado, está el uso de los fondos. En la financiación de transición, el uso de los fondos no puede evaluarse únicamente por su intención declarada. Debe cumplir cuatro criterios fundamentales que garantizan integridad, impacto real y coherencia con una trayectoria de descarbonización.
- En primer lugar, utilizar las Mejores Tecnologías Disponibles (BAT, por sus siglas en inglés). Los proyectos deben utilizar la mejor tecnología disponible en el mercado en términos de reducción de emisiones, siempre que sea técnica y económicamente viable. No se trata de financiar mejoras marginales cuando existen alternativas significativamente más eficientes. Este criterio introduce disciplina tecnológica y evita que se perpetúen soluciones subóptimas que retrasen la transformación estructural.
- En segundo lugar, impacto medible y orientado a resultados. La financiación debe contribuir a reducciones sustanciales y cuantificables de emisiones. No basta con una mejora relativa: es necesario demostrar impacto concreto, tanto en el corto como en el largo plazo. Esto implica definir métricas claras, establecer líneas base y garantizar seguimiento periódico. La credibilidad del instrumento depende de la capacidad de demostrar resultados reales.
- En tercer lugar, transición justa y principio de ‘no causar un daño significativo’ (DNSH, por sus siglas en inglés). La transición no puede generar impactos sociales o ambientales adversos que contravengan otros objetivos de sostenibilidad. Los proyectos deben evitar dañar ecosistemas, comunidades o trabajadores, y cuando sea posible, deben contribuir a una transición justa que tenga en cuenta el empleo, la cohesión social y el desarrollo local. Este elemento amplía la evaluación más allá del carbono e introduce una dimensión social clave.
- En cuarto lugar, evitar la dependencia estructural del carbono o ‘Carbon Lock-In’. Es esencial que la financiación no perpetúe infraestructuras intensivas en carbono sin un plan claro de sustitución o reconversión. Incluso cuando se financian soluciones intermedias, estas deben estar claramente integradas en una hoja de ruta que conduzca a una reducción estructural de emisiones. Evitar el ‘lock-in’ protege tanto la credibilidad climática como el perfil de riesgo financiero a largo plazo.
En conjunto, estos cuatro bloques garantizan que la financiación de transición no sea simplemente una mejora incremental, sino una contribución real a la transformación industrial. Introducen mayor exigencia técnica y mayor responsabilidad reputacional, pero son precisamente esos elementos los que dotan al mercado de integridad y credibilidad.
¿Por qué la financiación verde no es suficiente para descarbonizar la economía?
Según Climate Bonds, en los últimos años, la financiación sostenible ha experimentado un crecimiento notable. El mercado global de bonos verdes y otros instrumentos de deuda sostenible ha superado el billón de dólares anual en emisiones, con un volumen acumulado superior a cinco y seis billones de dólares, consolidándose como un instrumento clave para financiar la transición climática. Sin embargo, este crecimiento no está resolviendo el problema estructural de la descarbonización de la economía real.
El informe ‘Transition Finance in the Debt Capital Market’ publicado por ICMA en 2024 señala que, aunque el mercado sostenible ha avanzado, la financiación etiquetada como transición sigue siendo limitada en los sectores más intensivos en emisiones. ICMA subraya que existe un desajuste entre:
- Dónde se concentran las emisiones.
- Dónde se concentra la financiación sostenible.
Este diagnóstico es coherente con otros análisis internacionales. El World Economic Forum, en su ‘Net Zero Industry Tracker 2024’, estima que es necesario invertir hasta 30 billones de dólares hasta 2050 en estos sectores intensivos en carbono, mientras que la mayor parte del capital sostenible se ha canalizado hacia actividades ya alineadas con taxonomías verdes.
La Agencia Internacional de la Energía (IEA), en su ‘World Energy Investment Report 2024’ y en sus escenarios cero emisiones actualizados, advierte que alcanzar trayectorias compatibles con el Acuerdo de París exige no solo financiar tecnologías limpias (‘cleantech’), sino transformar procesos industriales existentes a gran escala, especialmente en industria pesada y generación energética.
Asimismo, organizaciones como Rocky Mountain Institute (RMI), en su análisis sobre ‘Transition Finance’ publicado en 2023, insisten en que sin financiación estructurada para sectores como acero, cemento, transporte pesado o generación térmica, la neutralidad climática es simplemente inalcanzable.
Según BloombergNEF, tan solo el 7,5% de los 2,3 billones de dólares invertidos en energías limpias en 2025 han ido destinados a tecnologías emergentes como el hidrógeno, los biofueles, el calor industrial o la captura de carbono, que son fundamentales para la descarbonización industrial. El mensaje es claro: el capital está fluyendo hacia lo que ya es verde, pero las emisiones permanecen concentradas en lo que todavía no lo es.
Si el sistema financiero se limita a financiar únicamente actividades plenamente alineadas, deja sin acompañamiento precisamente a los sectores cuya transformación es indispensable. Por tanto, financiar la transición se convierte en una necesidad estructural para transformar la economía real y para gestionar adecuadamente el riesgo crediticio de largo plazo en nuestras carteras.
Cómo BBVA impulsa las finanzas de transición
BBVA apuesta por acompañar a todos los clientes en su transformación sostenible, reconociendo de forma temprana que la descarbonización de la economía real requiere del acompañamiento activo a los sectores intensivos en emisiones en su transformación.
En línea con este enfoque, ha desarrollado y publicado su propio Marco de Finanzas de Transición, estableciendo criterios claros, exigentes y alineados con los estándares internacionales de mercado para estructurar este tipo de operaciones. Este posicionamiento permite a BBVA integrar la transición como una dimensión estratégica dentro de su actividad financiera, acompañando a los clientes a través de la sostenibilidad como motor de crecimiento.








