La igualdad de género podría hacer crecer más de un 20% el PIB mundial
Elsa es una de las casi dos millones de emprendedoras a las que atiende la FMBBVA. Gracias a su negocio, ha pagado su carrera universitaria, la casa de su madre y la educación de sus hijos. Como ella, el 86% de las mujeres en América Latina opta por ser su propia jefa por necesidad, según el GEM 2024/2025 Women’s Entrepreneurship Report.
“Romper los sesgos no es solo un desafío social, es una responsabilidad del sector financiero: debemos diseñar soluciones que atiendan a la realidad de las mujeres y les permitan avanzar con autonomía y oportunidades reales”, apuntó Mercedes Canalda, presidenta ejecutiva de Banco Adopem, entidad dominicana de FMBBVA, que atiende a más de 540.000 emprendedoras. Como Elsa, salen adelante gracias a su esfuerzo y al acompañamiento y acceso a digitalización y a servicios financieros y no financieros (ahorro, microseguros de vida o capacitación) diseñados para que las emprendedoras vulnerables puedan progresar y salir de la pobreza.
En América Latina, el 25% de las mujeres no cuenta con ingresos monetarios propios, una cifra que contrasta drásticamente con el 10% de los hombres, según el Observatorio de Igualdad de Género de la CEPAL. Terence Gallagher, jefe de Salud Financiera de BID Invest, compartió el estudio realizado junto a FMBBVA y Banco Adopem en el que se han analizado 170.000 créditos para visibilizar cómo las mujeres tienen un mejor comportamiento de pago que los hombres: “Con montos un 4% más altos, plazos más largos y las mismas tasas de interés, el comportamiento de pago fue exactamente el mismo y no había más riesgo”.
Para Ana Güezmes, directora de la División de Asuntos de Género de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), hay que superar cuatro nudos de desigualdad, siendo especialmente importante la feminización de la pobreza. “Debemos acabar con la pobreza y la desigualdad económica, erradicar la división sexual del trabajo, promover una mayor participación en el ámbito económico y político, y generar una base sin discriminación y violencia”. Por cada 100 hombres que viven en pobreza, hay 120 mujeres que la sufren en la región, y además, carecen de los mecanismos y recursos necesarios para salir de ella.
Acelerar las medidas de paridad, y poner fin a las normas sociales discriminatorias y los sesgos de género, no es sólo un imperativo moral, sino una pieza estabilizadora para las economías y un motor de desarrollo, que podría hacer crecer más de un 20% el PIB a nivel global, según datos del BID.








