Qué es la descarbonización y qué implica: un objetivo a cumplir


Cómo eliminar el CO₂ que ya está en la atmósfera

El tercer gran conjunto de medidas para descarbonizar el planeta se centra en retirar el carbono que ya se encuentra acumulado en la atmósfera, un concepto diferente que ataca las emisiones históricas.

Para la captura directa, Peña expone que tendríamos que, literalmente, tomar pequeñas cantidades de aire y pasarlo por un filtro, recordando que la concentración actual de CO2 en la atmósfera es de 420 partes por millón (ppm).

Sin embargo, a corto o medio plazo existen soluciones naturales muy necesarias. Como concluye Peña, se debe pensar en la posibilidad natural de incrementar la masa vegetal sobre la superficie del planeta, obteniendo así “más fijación de ese CO2 en forma de biomasa“. A su vez, es fundamental no olvidarse de potenciar los sumideros naturales de carbono existentes, tales como bosques, suelos, humedales y turberas, además de los océanos y masas de agua.

Retos de la descarbonización

A pesar de los avances, la transición hacia las cero emisiones netas se enfrenta a importantes barreras ligadas a los costes, la rentabilidad, la regulación y las dificultades tecnológicas.

Por el lado regulatorio y económico, Europa combina medidas de carácter normativo que, inevitablemente, afectarán a los precios del mercado. Tecnológicamente, Peña puntualiza que el gran problema para capturar dióxido de carbono no es el compuesto en sí, producto de la combustión de un hidrocarburo, sino el hecho de que viene diluido con nitrógeno, y separarlos resulta “costosísimo”. Además, implementar métodos directos para filtrar el aire y extraer el CO2 es un reto tecnológico de tal magnitud que, en palabras del experto, “por ahora es ciencia ficción”.

En cuanto a la rentabilidad comercial, “quemar carbón o hidrocarburos sigue siendo más barato que utilizar este CO2 recuperado”, advierte Peña. Aunque el gas tiene gran potencial, “ahora mismo los costes económicos son caros en comparación con el gas, el petróleo o el carbón“. Prácticamente todas las compañías energéticas del mundo han hecho, hacen o anuncian pruebas piloto para testar la viabilidad económica de las tecnologías CAUC. Lo que está por ver es cuándo les merecerá la pena a las empresas adoptarlas como un negocio rentable. No obstante, la Agencia Internacional de la Energía considera “virtualmente imposible” llegar a los objetivos climáticos de 2050 sin lograr superar estas dificultades y extender dichas tecnologías. De hecho, la descarbonización no depende de una única tecnología, sino de la combinación de reducción de emisiones, captura de carbono e innovación para transformar el modelo energético.



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