Los pagos agénticos, hacia una nueva forma de comprar más automatizada
Por eso, los pagos agénticos se mueven entre dos realidades. Por un lado, aquellos agentes previamente diseñados por el usuario para dar respuesta en momentos puntuales a sus necesidades con compras programadas. Un ejemplo puede ser la compra de una entrada o la adquisición de un producto cuando vuelva a estar disponible en el inventario de un comercio o el usuario ya lo haya gastado. Un ejemplo sería una cafetera conectada que detecta que las cápsulas de café se están agotando.
Por otro, los agentes conversacionales que puedan responder a las demandas concretas de los usuarios sin que estos necesiten visitar diferentes webs. Para ello, un consumidor podría escribir: “Busca una guitarra española entre 70 euros y 120 euros que pueda recibir en mi casa el próximo martes”. El agente analizará las opciones disponibles y adquirirá la que se ajuste a estas necesidades.
Para que esto sea posible, es necesario que se avance en algunos aspectos para garantizar la seguridad y el control del usuario. “La adopción será progresiva y la clave estará en combinar automatización con supervisión humana, especialmente en operaciones sensibles o de importe elevado”, explica Alberto González Peñalver, responsable global de Ingeniería de Emisión de BBVA.
En este sentido, como explica Pablo Narro, del equipo de Pagos Digitales de BBVA, “el modelo hacia el que avanza el sector no es el de agentes de IA totalmente autónomos, sino el de agentes que actúan dentro de reglas definidas por el usuario”. De esta forma, la automatización convivirá con mecanismos de control que permitan al usuario decidir hasta dónde puede actuar el agente en cada situación.
Seguridad de los pagos agénticos
Para analizar los retos de los pagos agénticos y que los bancos y emisores puedan ir adaptándose a este escenario, Visa ha creado Visa Agentic Ready, un programa en el que participa BBVA y en el que la entidad ha completado ya su primera transacción iniciada por un agente de IA. El objetivo es ir probando los pagos realizados por agentes con tarjetas y comercios reales, con el fin de comprobar los mecanismos de autenticación y autorización, y observar cómo interactúan consumidores, comercios y entidades financieras en este nuevo entorno.
“Uno de los principales aprendizajes es que el comercio agéntico solo funcionará si mantiene las mismas garantías de confianza que existen hoy en pagos digitales”, indica Pablo Narro. Estas garantías pasan por tener una identidad verificable, dar consentimiento explícito, tener la capacidad de revocar permisos y monitorizar los posibles riesgos.
En los últimos meses han surgido protocolos y estándares que quieren garantizar que la experiencia de los usuarios que utilizan pagos agénticos es completamente segura. Entre ellos, se encuentra AP2, un protocolo impulsado por Google que garantiza las capas de autorización, autenticación y responsabilidad necesarias en el comercio agéntico.
En este sentido, “tecnologías como la ‘tokenización’, la biometría o las ‘passkeys’ serán esenciales para garantizar que las operaciones estén siempre vinculadas a una persona real y bajo su control”, explica Narro. Contar con esta capa de seguridad es esencial para garantizar un buen uso de los pagos agénticos, que también podrán variar según el nivel de riesgo o el coste de un producto: si no supone mucho riesgo y el coste es reducido, el agente podría operar de manera autónoma, pero si detecta alguna incidencia o el precio es elevado, las reglas preestablecidas harán que tenga que validarlo primero con el usuario.








