Cómo organizar despensa y nevera para reducir el desperdicio alimentario
Cómo conservar bien alimentos refrigerados, congelados o de despensa
Según AESAN, clasificaremos los alimentos en tres categorías: “los que no necesitan frío, los refrigerados y los congelados. Los del primer bloque se colocan en la despensa, un espacio limpio, fresco y seco, lejos de envases químicos o de limpieza. Si se abre un envase que está en la despensa pero no se consume en su totalidad, el resto tiene que ir al frigorífico, en un recipiente hermético; sobre todo si se trata de una conserva, ya que su contenido podría adquirir un sabor metálico, como advierte en un artículo el Consejo Europeo de Información sobre la Alimentación (EUFIC por sus siglas en inglés).
Los comestibles que necesiten frío han de ponerse en el congelador y la nevera, por este orden, e inmediatamente. “Los errores más frecuentes suelen ser cerrar mal los táper y mezclar distintos tipos de comida mal cerrada en las baldas del frigorífico, de manera que un filete de carne cruda termine goteando sobre los yogures”, observa Lurueña. Así como llenar demasiado el electrodoméstico, lo que impedirá que el aire circule y le restará eficiencia. Advierte que estas malas prácticas, además de poner en riesgo la seguridad alimentaria, suponen una peor conservación, acortando la vida útil de las viandas.
Distribución ideal de alimentos en el frigorífico por estantes
Los cocinados –como sobras de comida– han de guardarse en fiambreras bien tapadas, en el estante de mayor temperatura del frigorífico que suele ser el de arriba, aunque varía según el modelo. “No deben estar más de tres días, y algunos de especial riesgo como el marisco, la pasta y el arroz cocidos, no más de 24 horas”, subraya Lurueña. Resulta buena idea escribir la fecha en la que han sido guardados.








