más allá de los ingresos, una exclusión estructural


Especialmente grave parece el aumento de los trabajadores pobres, como constata la Organización Mundial del Trabajo (OIT) en un documento que lleva por título Los trabajadores pobres o cómo un empleo no garantiza unas condiciones de vida dignas. En el esquema económico tradicional, un empleo estable, con un cierto nivel salarial y de protección, sería el mecanismo último para escapar de la pobreza. Sin embargo, un 13 % de los trabajadores de todo el mundo son moderadamente pobres, y un 8 %, extremadamente pobres, según datos de la OIT. En Europa y Asia Central, el porcentaje baja a un 1,1 % en cada una de las categorías, en América sube al 2,8 % (moderadamente pobres) y al 1,4 % (extremadamente pobres), respectivamente. Lo que hace que la pobreza social no sea cosa únicamente de los países subdesarrollados, sino que también puede estar presente en aquellos que tienen un alto nivel de vida.

Cómo combatir la pobreza social: políticas efectivas y modelos de éxito internacional

Nájera defiende que, incluso bajo el enfoque de V, hay dos criterios que, si se cumplen, reducen el problema prácticamente a cero: una política social amplia, “que cubra los riesgos a largo plazo de las personas, sobre todo de salud y formación de familias; y de corto plazo, como la enfermedad y transición escuela-trabajo”. Y un crecimiento económico con distribución, e impuestos progresivos.

Para el Banco Mundial, la inclusión financiera es un elemento clave para promover la prosperidad, y, por lo tanto, una palanca para combatir la pobreza social. Considera que el acceso a los servicios financieros formales es un elemento facilitador de siete de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). “Como titulares de cuentas, es más probable que las personas usen otros servicios financieros, como el crédito y los seguros, para iniciar y ampliar negocios, invertir en educación o salud, administrar riesgos y superar conmociones financieras, lo que puede mejorar la calidad general de sus vidas”,  cita el Banco Mundial en un artículo sobre inclusión financiera.

Para que esto ocurra, ha de haber un acuerdo social, es decir, un amplio sector de la población que crea en que ésa es la vía. Lo han conseguido especialmente los países nórdicos, en Europa. También Japón, y Corea del Sur, “que viene de unas décadas de muy alto crecimiento, con una fuerte distribución”, describe Nájera. En América Latina y el Caribe, los territorios que han tenido crecimiento con un cierto nivel de distribución –léase Chile y Brasil– han sido, también, los más exitosos en la erradicación de la pobreza. Mientras que EE. UU. es ejemplo de lo contrario, según cuenta el experto: no hay distribución ni prácticamente política social, y ostenta unos niveles de pobreza similares a los de un país en vía de desarrollo. “La pobreza, en última instancia, es un problema político”, concluye.



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