¿En qué consiste la captura de carbono directa del aire (DAC)?


El profesor pone como ejemplo las dos plantas que la empresa suiza Climeworks ha construido en Islandia. La primera, inaugurada en 2021, captura 4.000 toneladas de CO2 al año. La segunda inició sus operaciones en mayo de 2024 y se espera que multiplique por nueve esta capacidad anual de absorción.

“Pese a lo positivo que pueda ser esto, es difícil que el impacto ambiental del ciclo de vida de estas instalaciones sea compensado. Su construcción, operación y fin de vida genera altas emisiones CO2 indirectas. Por ello, no se puede considerar que la tecnología actual sea una solución real al cambio climático, sino una clara apuesta por el futuro al igual que pasa con la energía por fusión nuclear”, añade Álvarez.

“La mayor planta operativa actualmente (ORCA, de Climeworks) captura 4.000 toneladas de dióxido de carbono al año. Harían falta 10 millones de instalaciones con esta misma capacidad para capturar las 40 gitatoneladas de CO2 que emitimos al año”, sostiene.

De acuerdo con el profesor, para que las plantas DAC supongan una solución real es necesario, en primer lugar, descarbonizar los sectores del acero y del hormigón. Otro elemento importante para consolidar una demanda de estas plantas es innovar en las oportunidades de uso del CO2 que capturan. “Ya se han iniciado las primeras iniciativas comerciales para desarrollar combustibles sintéticos de aviación (SAF) utilizando CO2 e hidrógeno capturados en el aire, lo que refleja el importante papel que estos combustibles podrían desempeñar”, señalan desde la IEA.

Soluciones basadas en la naturaleza, una alternativa real para América Latina

De acuerdo con Álvarez, existen estrategias mucho más efectivas que las tecnologías DAC a nuestro alcance. “En concreto, todas las soluciones basadas en la naturaleza como la reforestación, la gestión forestal, el biocarbón o el mismo entierro de biomasa”, señala. Los ecosistemas terrestres y acuáticos están absorbiendo más de la mitad de las emisiones causadas por el hombre, por lo que deben entenderse como aliados.

Si se alinean los intereses y las oportunidades, las soluciones basadas en la naturaleza pueden ser una herramienta de gran potencial en América Latina, en donde la riqueza natural es inmensa y las plantas DAC son, todavía, planes para el futuro. “En América Latina todavía no hay plantas de DAC operativas a gran escala, pero sí hay creciente interés y estudios preliminares, especialmente en países como Chile y México. En Chile, existe un claro potencial para alimentar estas plantas con energías renovables. También hay iniciativas de cooperación internacional que buscan transferir tecnología y evaluar la viabilidad técnica, económica y ambiental en la región”, comenta Álvarez.

“Sin embargo, creo que el potencial de América Latina está en la gestión de sus sistemas naturales para avanzar y garantizar una bioeconomía neutra en carbono”, concluye el profesor de la UPM.



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