qué son y cómo afectan al clima
El origen del concepto de gases de efecto invernadero
En los últimos miles de años, sin embargo, su concentración ha permanecido bastante estable, contribuyendo con ello a la estabilidad del clima y la relativa bonanza que ha disfrutado la especie humana. Pero la revolución industrial lo cambió todo a partir de 1750.
“Es importante destacar que los gases de efecto invernadero no son gases contaminantes, son componentes básicos de la atmósfera”, ha señalado José María Baldasano, Catedrático Emérito de Ingeniería Ambiental de la Universitat Politècnica de Catalunya. “Son gases que retienen parte de la radiación infrarroja que emite la Tierra tras ser calentada por el Sol, es decir, gases que retienen energía en la atmósfera. Lo que ha pasado en los dos últimos siglos es que la actividad humana ha incrementado su concentración”.
La emisión de gases de efecto invernadero a través de las actividades industriales y, sobre todo, la quema de combustibles fósiles, ha multiplicado por 100 la tasa de incremento de estos gases en la atmósfera en los últimos 60 años. Como resultado, la temperatura media planetaria ha subido 1,1 °C desde principios del siglo XX. A su vez, todo este exceso de energía está provocando el cambio del clima y multiplicando la recurrencia y la intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos.
Principales gases de efecto invernadero y su impacto en el clima
“El planeta tiene un balance radiactivo, un equilibrio entre la cantidad de energía que recibe y la cantidad de energía que emite de vuelta al exterior en forma de radiación infrarroja. Los gases de efecto invernadero atrapan parte de ese infrarrojo terrestre”, ha añadido Baldasano. Si aumenta la concentración de estos gases, aumenta la energía acumulada y todo el sistema se intenta reajustar hasta alcanzar un nuevo equilibrio. En el proceso, todo cambia.
- CO2: el principal culpable del cambio climático. El dióxido de carbono es un importante gas de efecto invernadero. No es el más potente, pero sí uno de los que se encuentra en mayor concentración y permanece más tiempo en la atmósfera (su vida media es de cerca de 1000 años). En el año 1800, había 283 partes por millón de CO2 en la atmósfera (0,0282 %). Hoy, según los datos de referencia del observatorio de Mauna Loa, en Hawái, su concentración es de 418,90 partes por millón. “La combustión del carbón primero, con el inicio de la revolución industrial en 1750, y del petróleo y el gas después, genera gran cantidad de CO2 y agua. Además, otra actividad humana que emite CO2 de forma importante es la preparación del cemento”, ha explicado José María Baldasano. Teniendo en cuenta su potencial de efecto invernadero, el CO2 es el protagonista del 74 % de las emisiones que están causando el cambio climático antropogénico.
- Metano: más allá de la ganadería. El metano (CH4) ha recibido mucha atención en los últimos años. Su potencial de efecto invernadero es muy elevado (es 25 veces más potente que el CO2), pero su vida es mucho más corta, de unos 10 años. Además, en la Tierra se produce de forma natural, a través de la descomposición anaerobia (en ausencia de oxígeno) en los humedales, los incendios forestales (en los que la actividad humana también juega su papel) y la digestión de los rumiantes (tanto salvajes como domésticos). Aun así, existen fuentes de emisión de metano exclusivamente humanas. De acuerdo con los datos facilitados por Baldasano, alrededor del 18 % del metano se emite en las instalaciones de extracción de petróleo y gas, mientras un 17 % lo emiten los rumiantes (tanto en explotaciones ganaderas como de forma natural). El cultivo de arroz, el cereal más consumido en el mundo, es responsable del 10 % de las emisiones, y la descomposición de basura en vertederos emite un 7 % del total.
- Óxido nitroso y gases fluorados: potentes, pero escasos. El N2O y los gases fluorados son otros dos gases de importante efecto invernadero. El primero de ellos, el óxido nitroso, se produce tanto de forma natural como artificial. Su vida media en la atmósfera es de algo más de un siglo, pero su potencial de efecto invernadero es 300 veces el del CO2. Aun así, a nivel mundial, suma menos del 6% de todas las emisiones. Mientras un 40 % de estas se generan de forma natural en los procesos de fertilización de los suelos y un 20 % se emite desde los océanos, el restante 40 % tiene origen humano (sobre todo, en la fertilización artificial de los campos agrícolas). En cuanto a los gases fluorados, su origen es exclusivamente humano. Se usan, sobre todo, para sustituir a los clorofluorocarburos (CFC) que se han ido retirando del mercado por ser causantes de la destrucción de la capa de ozono. Todos los gases fluorados (incluyendo algunos CFC todavía en uso) representan alrededor del 2 % del total de emisiones de gases de efecto invernadero. Menos mal que son pocos, porque el potencial de calentamieno de alguno de ellos multiplica hasta 22.000 veces el del CO2.
Ejemplos de gases de efecto invernadero
- CO2
- Metano
- Óxido nitroso y gases fluorados








