estos son los avances de la última cumbre climática
El multilateralismo sobrevive a la COP30
La cumbre del clima de Belém se ha celebrado en un escenario geopolítico internacional muy complejo, marcado por la oposición de Estados Unidos al multilateralismo y su abandono del Acuerdo de París, por los conflictos en Ucrania y Oriente Medio que erosionan la cooperación entre países, por las presiones económicas y el alto coste de la transición y por el creciente escepticismo ciudadano, motivado por la falta de resultados tangibles. A pesar de todo ello, la COP30 demostró que el espíritu del multilateralismo sigue vivo y que el conocimiento científico sigue guiando la toma de decisiones.
“Los resultados de Belém no deben interpretarse como una señal de impotencia del sistema multilateral. De hecho, gracias al Acuerdo de París, el mundo ha pasado de proyecciones de calentamiento superiores a 4°C a una horquilla estimada hoy entre 2,3 y 2,5°C, si se implementan íntegramente los NDC recientemente anunciados”, concluye Ballabriga. “Lo que revela la COP30 una vez más es que no basta con la gobernanza global. Es indispensable también una acción distribuida, nacional y sectorial, donde las empresas líderes y las instituciones financieras globales tengan un papel como catalizadores de inversión y agentes activos de la transformación”.
Para Julián Cubero, economista de BBVA Research, de la experiencia ambivalente de las COP “en un escenario geopolítico fracturado e incierto” que probablemente ha llegado para quedarse, se extrae una lección: “conviene ser pragmáticos y abandonar la (¿quizá imposible?) ambición de consensos globales y metas múltiples, para diseñar hojas de ruta con avances concretos entre países, sectores y empresas realmente comprometidos”.
La próxima COP, que será la número 31 y que está prevista para finales de 2026, se celebrará en Turquía. Australia, por su parte, asumirá un rol destacado en la facilitación de las negociaciones. En esta cumbre, cerca de 200 países debatirán cómo acelerar la acción climática, reforzar la financiación para los países más vulnerables y avanzar en la transición energética y la reducción del uso de combustibles fósiles en línea con el Acuerdo de París.








