¿Qué tipos de brecha digital existen?
Brecha de acceso: quién tiene conexión y quién queda fuera
La brecha de acceso se puede definir como la desigualdad que se produce entre quienes cuentan con conexión a internet y dispositivos para utilizarla, y quienes carecen de ellos. Esta se puede cuantificar, “y es en la que más se han centrado las políticas públicas en Latinoamérica, sobre todo en el ámbito educativo”, señala Andreoli. Proveer y dotar de pantallas a los estudiantes ha servido para atenderlos, y también para que, a través de ellos, los dispositivos entren en los hogares. La especialista del CITEP pone a Uruguay como caso de éxito en este tipo de iniciativas. Los datos lo refrendan: en 2022, el 91 % de los hogares del país sudamericano contaba con algún tipo de conexión a Internet, según la quinta edición de la Encuesta de Uso de Tecnologías de la Información y la Comunicación (EUTIC).
La brecha de acceso se produce también entre empresas de distinto tamaño, como alerta la última edición del informe ‘Digitalización de la empresa española’, del sindicato UGT, que evidencia que la inversión en inteligencia artificial acentúa esa brecha. En 2024, según el INE, en España usaban IA el 4,7 % de las microempresas, el 9,54 % de las pequeñas, el 21,17 % de las medianas y el 45,29 % de las grandes.
Brecha de calidad: velocidades desiguales y desigualdad cultural
No basta con tener acceso; también hay que evaluar si las velocidades de carga y descarga son suficientes para las necesidades locales. Un informe de 2024 del Instituto Peruano de Economía exponía los avances en cobertura –el uso de Internet se ha multiplicado por cinco en el país desde 2004– y confiaba en el despliegue de tecnologías de alta velocidad –como la red 5G– para seguir avanzando.
Brecha de uso
Cerrar las brechas digitales de acceso y de calidad tampoco garantiza que desaparezca la brecha de uso, marcada por los conocimientos y habilidades digitales que se poseen para aprovechar correctamente la tecnología. Un ejemplo paradigmático es el de una persona mayor en un país desarrollado: tiene a su disposición un buen servicio de Internet, y los dispositivos necesarios, pero está poco o nada familiarizada con el mundo digital.
Brecha de apropiación
El uso más o menos intensivo que se le dé a las tecnologías digitales está directamente relacionado con la apropiación digital, una cuestión que interesa especialmente a la directora general del Centro de Innovación en Tecnología y Pedagogía (CITEP) de la Universidad de Buenos Aires. Se trata de que las personas –también las empresas u organizaciones– no se limiten a utilizar las nuevas herramientas para realizar tareas simples, sino que las integren en sus vidas y las adapten a sus necesidades específicas.
Existe una gran diferencia entre el uso básico de una herramienta tecnológica y la capacidad para utilizarla de una manera innovadora, transformadora y creativa. Aprovechar esta capacidad es clave para reducir la brecha de apropiación.
Para Andreoli, esta brecha también marca la manera de entender el ejercicio de la participación y la ciudadanía digital, y la distancia que media entre un uso responsable, reflexivo y crítico, y el contrario.
Andreoli detecta también que las diferencias de acceso, calidad y uso entre personas, culturas o regiones del mundo provocan brechas de apropiación digital.
La experta se plantea, por ejemplo, cuáles son las consecuencias de que existan diferencias de conectividad entre la bajada y la subida de información en Internet. La idea de que, en algunas regiones del planeta, la velocidad de bajada de información es mayor que la de subida la lleva a pensar que hay zonas, pensamientos, idiomas o manifestaciones culturales más representadas en la red que otras que tienen menos posibilidades de transmitirse. “¿Desde qué lugar del planeta se habla?, ¿en qué idioma? Lo digital no solo refuerza desigualdades preexistentes, sino que construye nuevas”, reflexiona.








