claves para una sociedad más inclusiva
El papel de la inteligencia artificial en los procesos participativos
La tecnología marca un antes y después, y abre puertas a nuevas formas de participación ‘online’, coincide, en conversación por videollamada desde Ecuador, Ruth Hidalgo, directora ejecutiva de la Corporación Participación Ciudadana (además de decana de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales de la Universidad de las Américas).
La experta avanza que la inteligencia artificial (IA) agilizará aún más el proceso. Bien utilizada puede ayudar a los gobiernos y a las administraciones a conocer mejor los intereses e inquietudes de la ciudadanía; a abrir canales de comunicación personalizados que aumenten las posibilidades de participación; a dar soporte y ‘feedback’ a sugerencias y reclamaciones –por ejemplo, mediante ‘chatbots’–; y a detectar problemas y necesidades de la base de la pirámide, la más vulnerable, que suele quedar por debajo del radar y no se tienen nunca en cuenta. Su incorporación a los procesos democráticos favorece una participación social mucho más completa e inclusiva.
Algunos estados de EE.UU han implementado ya sistemas de IA para detectar y prevenir el fraude electoral, con algoritmos que alertan de patrones anómalos en el registro de votantes o en el recuento de votos. Como reverso de la moneda, Hidalgo avisa del enorme riesgo de las ‘fake news’ (noticias falsas) que provoca la IA generativa. “Pueden contaminar la participación con un basamento erróneo, y deslegitimarla”, advierte.
Atrás queda, en opinión de Hidalgo, el ‘boom’ del Tercer Sector de los ochenta y noventa del siglo XX en América Latina y el Caribe, con ONGs y organizaciones civiles movilizadas por los derechos ciudadanos. El feminismo, el movimiento ambientalista –cuando aún se hablaba poco, o nada, del cambio climático– o la reivindicación de la diversidad sexual empiezan a cobrar peso en esos años, según recuerda. Semejante florecimiento logró generar cambios cualitativos en el diseño de las leyes, y el reconocimiento de algunos derechos: de las mujeres, del medioambiente, a la justicia, al acceso a la información.
Participación social sin grandes recursos: nuevas dinámicas
Hidalgo observa un decaimiento de los movimientos sociales en la región en los últimos cinco años, por falta de financiación externa. Pero, en paralelo, “estamos viviendo nuevas formas, modernas e innovadoras, de participación, atadas a las redes sociales y a la tecnología”, destaca. “Ya no se necesitan muchos recursos –económicos, humanos o de tiempo– para movilizar las agendas particulares en pos de una causa común”, asegura Hidalgo. “Convocar una movilización era muy costoso antes de Internet, pero con Twitter, ahora X, resulta muy sencillo”, compara.
La propia Hidalgo participa, sin moverse de su oficina, en varios foros de discusión internacionales, sobre economía, medioambiente o democracia. El corpus teórico que sustenta estos espacios de reflexión virtuales emana, asimismo, de la propia sociedad civil, asegura citando el caso del Latinobarómetro –estudio de opinión pública sobre democracia, economía y sociedad–, que es una iniciativa de la ONG chilena Corporación Latinobarómetro.
Como destacó Chanona Burguete en su charla, Internet permite a la ciudadanía conectarse y llevar a cabo acciones en torno a tópicos específicos. Y mucho más globales. La participación social trasciende fronteras y es capaz de movilizar a personas de todo el planeta por una misma causa. Un ejemplo son las marchas bajo el lema ‘Stand Up for Science’: las iniciaron investigadores estadounidenses en contra de los recortes del presidente Donald Trump y en defensa de la ciencia, y actualmente cuentan con una enorme réplica solidaria en Francia.








