de Merit Ptah a Nettie Stevens
Sin embargo, tanto Wilson como Thomas Hunt Morgan, supervisor de Stevens, no estaban convencidos de que los factores ambientales no tuvieran cierta influencia. Para demostrar que el sexo dependía sólo de los cromosomas, Stevens estudió las células de 50 especies de escarabajos y nueve de moscas. Pero cuando el cáncer se la llevó, aún no había conseguido que su visión se impusiera, y la mayor parte del reconocimiento fue para Wilson. Hoy se reivindica el trabajo de Stevens, al cual hay que añadir una curiosidad: a Morgan, premio Nobel en 1933, se le considera el fundador de los estudios genéticos con la mosca de la fruta Drosophila melanogaster, utilizada hoy por miles de investigadores. Pero quien llevó por primera vez esta especie al laboratorio de Morgan fue una estudiante suya llamada Nettie Stevens.
Maria Mitchell: astronomía y activismo
El caso de Maria Mitchell (1 de agosto de 1818 – 28 de junio de 1889) es uno de esos que nos recuerdan las muchas mentes brillantes que la ciencia habrá perdido, por el solo hecho de haber pertenecido a mujeres que carecieron de oportunidades. Mitchell es el contraejemplo: ella sí tuvo la oportunidad y la aprovechó sobradamente. Aunque fue criada en la tradicionalista Nueva Inglaterra, la igualdad entre sexos defendida por su familia le abrió la puerta a los estudios que le depararían una fulgurante carrera en astronomía.
Ya de niña, Mitchell colaboraba con su padre, profesor y aficionado a la observación del cielo. A los 14 años, la precoz científica ayudaba con sus cálculos a la navegación de los balleneros de su isla natal de Nantucket (Massachusetts). El 1 de octubre de 1847, aun como astrónoma amateur, se convirtió en la tercera mujer en descubrir un cometa. Su hallazgo, hoy llamado C/1847 T1, le valió una medalla de oro del rey de Dinamarca, le brindó una fama insospechada y la convirtió en la primera mujer astrónoma profesional de EEUU, al frente del Observatorio del Vassar College de Nueva York.








