tres estrategias regulatorias para la banca en un mundo cada vez más fragmentado
Al analizar bloques geográficos, Europa destaca porque sigue una estrategia que busca la competitividad, y desde la perspectiva regulatoria esto pasa por la simplificación de sus marcos tanto en el ámbito digital, como el de sostenibilidad y financiero. Para hacer esto posible la UE está proponiendo paquetes de simplificación (“ómnibus”) que revisan regulaciones existentes para aliviar la carga administrativa y los requisitos a cumplir por las entidades en respuesta a las distintas iniciativas regulatorias. Por su parte, Reino Unido se distingue especialmente por su nuevo mandato de facilitar la competitividad internacional y atraer la inversión y el crecimiento económico, con un enfoque cada vez más cercano al americano y más distante del europeo. Está utilizando su autonomía post-Brexit para crear un marco más ágil, especialmente en regulación digital, mercados de capitales y en materia ESG donde han optado por no contar con una taxonomía verde. Finalmente, Estados Unidos se está centrando en un enfoque de desregulación bancaria. Esto significa una relajación de normas con la finalidad principal de fomentar el crecimiento económico y, por ende, impulsar la rentabilidad general del sector bancario. La desregulación ha afectado también al campo de ESG, que pierde prioridad en este mandato. Se está desarrollando también un primer marco de criptoactivos con un enfoque favorable al desarrollo de este sector.
En un mundo en el que las regiones se esfuerzan por aumentar su competitividad, el enfoque normativo americano busca crear un entorno más flexible y favorable para el crecimiento de la actividad bancaria, centrándose en la resiliencia tecnológica y la recalibración de los requisitos de capital para los grandes bancos.
La UE está proponiendo paquetes de simplificación que revisan regulaciones existentes para aliviar la carga administrativa y los requisitos
Preocupa que dicha flexibilización otorgue una ventaja comparativa a los bancos estadounidenses, y que pudiera darse el riesgo de una “carrera a la baja” en los estándares prudenciales. Esto podría fomentar la toma excesiva de riesgos y erosionar las salvaguardas post-2008, poniendo en riesgo la estabilidad financiera. La Unión Europea apuesta por la simplificación mientras que el Reino Unido aprovecha su autonomía para diseñar un ecosistema más ágil y menos prescriptivo que atraiga la inversión tecnológica. Todo ello podría generar una tensión regulatoria a nivel global por el riesgo de una divergencia en la aplicación de los estándares internacionales.








