La compositora surcoreana Unsuk Chin gana el Premio Fronteras de Música y Ópera
La carrera de Unsuk Chin (Seúl, Corea del Sur, 1961) empezó con el piano que su padre, un sacerdote presbiteriano, compró para la iglesia donde predicaba. Entonces Chin solo tenía dos años. “Poco después, empecé a aprender a tocar por mi cuenta. Mi padre sabía leer partituras, y me enseñó un poco, pero básicamente aprendí de forma autodidacta hasta que empecé la universidad. De niña, mi sueño era convertirme en pianista, pero mi familia, como la mayoría de las familias de Corea del Sur en los sesenta, era bastante pobre y no tenía los medios para pagarme lecciones”, relata la galardonada.
Con 12 años, su profesor de música del instituto le sugirió que se decantara por la composición. “En ese momento no tenía ni idea de lo que suponía, pero me dije que sería mucho más barato que ser pianista”, bromea.
A pesar de tener que compaginar sus estudios secundarios con un trabajo para aportar dinero a su familia, Chin consiguió entrar en la Universidad Nacional de Seúl. La compositora rememora esta etapa como un tiempo muy difícil, pero a la vez enriquecedor: “Estábamos bajo una dictadura militar y teníamos problemas políticos muy graves”. Sin embargo, allí descubrió la música contemporánea occidental, que la impulsó a proseguir su carrera en Europa.
El difícil camino hacia una voz propia
En 1985, Chin recibió una beca de intercambio del Gobierno alemán y se trasladó a Hamburgo, donde el compositor húngaro György Ligeti la aceptó como discípula. Trabajar con Ligeti no fue fácil. “Yo tenía un poco de miedo. Estuve aprendiendo con él tres años y sus lecciones eran muy duras. Quizá no era su culpa. Como judío superviviente de la Segunda Guerra Mundial no había tenido una vida fácil y parte de su familia había sido asesinada por los nazis”. A pesar de todo, “estudiar con él fue lo mejor que me pudo pasar en toda mi vida, porque todavía hoy sigo aprendiendo de su música y de sus enseñanzas”, reflexiona la premiada.
Tras finalizar sus estudios con Ligeti, se trasladó a Berlín, donde empezó a trabajar como compositora independiente en un estudio de música electrónica. En los años noventa, la obra ‘Akrostichon-Wortspiel’ (‘Acrónimo-Juego de palabras’, 1991-93) marcó el inicio de su carrera internacional. Desde entonces, esta pieza ha sido interpretada por ensembles de todo el mundo.








