una alianza para el futuro
Las redes eléctricas inteligentes fortalecen la resiliencia del sistema eléctrico absorbiendo o inyectando energía. Cuando una parte de la red falla, las sobrecargas se pueden extender a otra áreas, y el almacenamiento ayuda a descargar energía en puntos críticos, aliviar líneas saturadas y estabilizar tensiones y frecuencias. “En sistemas distribuidos –añade el especialista de la universidad aragonesa– las microrredes funcionan de forma autónoma si la red general cae, y aumenta la seguridad energética en zonas aisladas o vulnerables”.
Descentralización de la generación de energía
La descentralización de la generación de energía, donde las grandes plantas de energía no son las únicas en producir electricidad, se fortalece gracias a estas redes inteligentes. Las casas con paneles solares, las pequeñas turbinas eólicas y otros sistemas de generación distribuida pueden contribuir al suministro, repartiendo la electricidad de forma equitativa y adaptándose a los cambios en la generación y el consumo.
“Las redes eléctricas tendrán que adaptarse a un sistema más digitalizado, descentralizado y flexible, con un elevado número de sistemas de generación –incluso en las cubiertas de los edificios comerciales y residenciales–, bombas de calor, vehículos eléctricos, que en un futuro, además de como consumidores, pueden comportarse como sistemas de almacenamiento contribuyendo a la operación de las redes”, sostiene el profesor de Ingeniería Eléctrica.
Avances en Europa y América Latina en materia de ‘smart grids’
Este experto pone a Europa como ejemplo de la necesidad de desarrollar redes eléctricas inteligentes. “El 40% de las redes de distribución europeas tienen una antigüedad de más de 40 años y la capacidad de transmisión transfronteriza se duplicará de aquí a 2030. Por eso, es evidente que tendrán que abordarse retos a la hora de ampliar, digitalizar y utilizar mejor las redes de transporte y distribución de electricidad”. Bayod identifica un aspecto clave, la regulación. Al hacerse más complejo el sistema, las leyes tendrán que facilitar el despliegue oportuno de las inversiones necesarias para fomentar la eficiencia y la innovación. “Y también requerirá un nuevo diseño de mercado, que refleje las necesidades y preferencias de los diferentes consumidores, generadores, operadores de líneas y sistemas de distribución, y les proteja de la volatilidad de los precios de la electricidad”, dice el experto.








