Cómo se pueden adaptar los barrios al cambio climático
Tecnologías y datos al servicio del vecindario para la adaptación al cambio climático
“Muchas de las microinnovaciones no requieren grandes inversiones y pueden ser construidas o mantenidas por los vecinos con apoyo técnico”, añade Gemma García, de Fundación Tecnalia. La creación de herramientas digitales de baja barrera, aquellas aplicaciones y plataformas sencillas de usar, están permitiendo a instituciones municipales y vecinos una reacción rápida ante los fenómenos meteorológicos extremos.
Por ejemplo, los sensores de calor, están logrando monitorear temperatura y factores de humedad en muchas ciudades; y los riegos inteligentes, que integran sensores IoT (Internet de las Cosas), algoritmos de inteligencia artificial y sistemas de automatización, consiguen optimizar la distribución de agua en las cubiertas vegetales, jardines verticales y otras zonas verdes.
Cascais, en la costa de Portugal, es una de las nueve ciudades piloto del proyecto Re-Value para acelerar su camino hacia la neutralidad climática en 2050. Ya se han desarrollado herramientas de modelado y simulación de escenarios y otras numéricas para mejorar la adaptación de la ciudad al cambio climático. La hoja de ruta de Cascais –casi 200.000 habitantes– incluye en una segunda fase probar microintervenciones participativas para poner en marcha soluciones basadas en la naturaleza en espacios naturales y urbanos, desde la creación de ciclovías y paseos peatonales hasta el desarrollo de comunidades energéticas locales en zonas vulnerables. Según el estudio publicado en Elsevier, para la electrificación con fuentes de energía renovables se instalarán sistemas fotovoltaicos en azoteas, pequeñas turbinas eólicas y se aprovechará la energía que generan las olas.
Beneficios sociales y ambientales de las microinnovaciones
Las microinnovaciones que buscan la adaptación urbana al calentamiento global se han convertido en una prioridad con beneficios ambientales y sociales medibles:
- Mejoran de la calidad del aire. Los espacios con vegetación filtran los contaminantes y capturan CO2.
- Reducen el efecto isla de calor en zonas urbanas con exposición a altas temperaturas.
- Aumentan el confort térmico de los residentes, y de esta manera su bienestar y cohesión social.
- Protegen y restauran los ecosistemas urbanos e incrementan su biodiversidad.
- Disminuyen brechas sociales fortaleciendo la inclusión y la equidad en las áreas más vulnerables.
- Sensibilizan sobre las consecuencias del cambio climático y permiten aprender.
- Mejoran la salud pública. Los riesgos de enfermedades respiratorias, golpes de calor y ansiedad disminuyen con menos olas de calor y más calidad del aire y espacios verdes.
- Generan empleos vinculados al diseño, implementación y mantenimiento de los espacios verdes.
- Preparan a los barrios para resistir y responder mejor ante eventos extremos.
- Reducen costos al ser soluciones locales y fácilmente replicables.
- Incrementan la seguridad porque los espacios bien cuidados y verdes reducen el delito.
- Fomentan el sentido de comunidad mediante herramientas de participación y diseño de las microinnovaciones.
“La participación de la ciudadanía en el diseño de esas intervenciones es clave para que los barrios se apropien de ellas, se involucren en su mantenimiento y comprendan sus beneficios”, comenta la investigadora de Fundación Tecnalia.
Sobre la participación, Marta Olazabal, de BC3, añade que a veces esta intervención se realiza sin conexión con las necesidades reales. La adaptación al cambio climático pasa por reducir emisiones, la contaminación atmosférica, pero hay que pensar también en un cambio de comportamiento, que es lo más complicado. Y luego está el tiempo, para identificar necesidades y promover la participación de las personas afectadas se necesita tiempo, y muchas veces no lo hay”.








