¿Cómo se preparan las cumbres del clima?
El papel del país anfitrión en la diplomacia climática
La elección del país no es una cuestión menor. El país anfitrión cuenta con una gran relevancia en materia de sostenibilidad. De hecho, representa un rol fundamental en la mediación diplomática y en el avance de las negociaciones entre estados. Al ostentar su título de presidencia durante la vigente COP, su labor debe prolongarse durante todo el año que le corresponda hasta la siguiente cita. Por ejemplo, en la COP30 de 2025, la presidencia la ostentó Brasil. Pero su labor no finalizó tras el encuentro, ya que participó en otras iniciativas institucionales hasta la COP31 de 2026, donde Turquía tomará el relevo.
Durante la ronda de reuniones, encuentros y negociaciones, cada país anfitrión debe procurar distanciarse de los intereses del territorio en particular para ejercer una “labor diplomática” y neutral que permita “alcanzar consensos más allá de su propia agenda climática”, como afirma Alcaraz. Esta manera de operar está orientada a priorizar los intereses globales sobre los regionales. De esta manera, actúa como el motor logístico y político encargado de transformar las negociaciones globales en resultados tangibles, encontrando puntos de acuerdo y denominadores comunes, además de definir líneas rojas. Teniendo en cuenta que los acuerdos se toman por consenso, se asume que el país anfitrión tiene la responsabilidad de velar por el interés general.
¿Qué se negocia en las reuniones previas a la COP?
Antes de la celebración de los encuentros oficiales se sientan las bases y los marcos, pero en las cumbres deben alcanzarse consensos reales y concretos. Se destacan los temas clave de cara a la cita internacional, pero también pueden fijarse otros objetivos igual de ambiciosos que, a posteriori, y ya durante la celebración de la cumbre, es posible que no lleguen a tratarse. Según afirma Olga Alcaraz, “lo que debería ser obligatorio por las negociaciones previas puede llegar a ser una recomendación” al terminar la cumbre, pasando el testigo a la COP del año siguiente.
Durante el periodo previo a una COP se producen una serie de reuniones que sirven para avanzar lo máximo posible. Para conseguirlo, se organizan sesiones periódicas y foros con presencia institucional que resultan clave para varios asuntos estratégicos:
- Las sesiones de Bonn.
- Las cumbres del G20.
- La Climate Week NYC (Semana del Clima de Nueva York).
- La Reunión Ministerial del Clima.
Las sesiones de Bonn: estas reuniones (para la COP31 será la Bonn (SB64)) son fundamentales para dar forma a la agenda temática, establecer objetivos concretos y construir alianzas que formarán la estructura final de la cumbre. Se celebran en esta ciudad porque es la sede de la Conferencia contra el cambio climático. “En Bonn se definen los marcos de trabajo concretos sobre los que se tratará de avanzar en las COP y se sacan algunos puntos clave que tratarán de consensuarse en la Cumbre”, afirma Alcaraz. En estas sesiones se debate por bloques de negociación y no tanto por países, lo cual es clave para alcanzar una mayor representatividad de los asuntos importantes y para simplificar procesos. Además de servir como marco de negociaciones, son reuniones técnicas fundamentales para el procedimiento, incluyendo las revisiones del avance de los países. Por ejemplo, el mecanismo de transición justa que se avanzó en la COP30 se revisa en la Bonn SB64.
El G20 (o Grupo de los 20): estas cumbres adelantan las temáticas climáticas concretas sobre las que la próxima COP hará hincapié. “En sus conclusiones, normalmente ya vislumbramos los temas que el G20 está apretando y que entrarán en la agenda de la COP”, detalla Alcaraz.
La Climate Week NYC: se trata de un encuentro donde Naciones Unidas se vuelca con los representantes estatales. Su objetivo es potenciar el cumplimiento de los compromisos globales.
La Reunión Ministerial del Clima, en Copenhague: en este caso, se trata de un encuentro en el que los ministros de los países participantes fijan sus posiciones políticas y destacan temas específicos, como la electrificación global o el cumplimiento de las promesas de financiación.








