Energía y competitividad en Europa
Sin embargo, estas mejoras no implican por sí solas una transformación competitiva ligada a la energía, porque no basta con la moderación de los precios del mercado mayorista si no llega al mercado minorista, a las facturas de hogares y empresas, fundamentalmente por cuellos de botella en redes eléctricas o insuficiente desarrollo del almacenamiento. Como señala BBVA Research, mientras que la inversión global en renovables casi se ha duplicado en la última década, la inversión en redes solo ha crecido alrededor de un 20%, lo que está generando congestión, vertidos de energía, mayores costes del sistema y retrasos en la electrificación. El problema ya no es tanto tecnológico como institucional y regulatorio: la planificación fragmentada, los permisos lentos y marcos diseñados para minimizar el riesgo de activos varados frenan una expansión más anticipatoria de la red. La digitalización, la IA y el almacenamiento pueden mejorar la eficiencia y aliviar tensiones, pero no sustituyen la necesidad de ampliar físicamente las redes. En Europa, el reto está en ejecutar inversiones y coordinar mejor a escala supranacional, mientras que en España, la saturación de muchos nodos de distribución, aparte de potenciales acaparamientos, se debe a una baja inversión asociada a una planificación que prima la contención de costes sobre atender los aumentos de demanda. Sin replanteamientos del esquema de planificación y remuneración de las redes no se pueden esperar grandes cambios en la solución de estos cuellos de botella.
En resumen, las crisis energéticas revelan debilidades y por tanto oportunidades que para ser aprovechadas exigen cambios que acompañen los incentivos que proporciona el mercado. Para que la siguiente crisis, que vendrá, sea un poco más oportunidad y un poco menos problema








