cómo afecta al color de los bosques
Diferencias entre los colores del otoño en Europa y América
La pregunta que surge es qué sentido biológico tiene la producción de antocianina y por qué los árboles europeos prescinden de ella. Respecto a lo primero, una hipótesis sugiere que el color rojo disuade a los insectos. Los áfidos, o pulgones, evitan poner sus huevos en las hojas con antocianina, que las plantas fabrican como señal de “peligro, productos químicos defensivos”. Así, el beneficio es mutuo: los pulgones saben cómo eludir las plantas que podrían matarlos, y estas consiguen evitar la infestación. Los defensores de esta hipótesis, publicada por primera vez en 2001, la proponen como un ejemplo de coevolución entre un parásito y su hospedador.
Aunque existen otras teorías sobre la función de la antocianina, es esta explicación la que tomaron como premisa los investigadores Simcha Lev-Yadun, de la Universidad de Haifa-Oranim (Israel), y Jarmo Holopainen, entonces en la Universidad de Kuopio (Finlandia) y hoy en la Universidad de Finlandia Oriental. Desde este país escandinavo, el científico israelí explica que en 2008 llegó a Finlandia para tratar de entender el enigma de los colores del otoño en Europa y América. “Alquilé un coche y salí a los bosques para observar por mí mismo qué sucedía”, recuerda Lev-Yadun.
Cómo el entorno climático explica los colores otoñales
“Al segundo día, me hallaba en el centro del cinturón que estaba en pleno apogeo de la coloración amarillo-dorado. Conduje unos 600 kilómetros desde Kuopio y vi millones de árboles amarillos, pero también millones de arbustos rojos creciendo bajo los árboles”, relata Lev-Yadun. “En una de mis paradas, mientras tomaba fotografías y notas de campo, comprendí el principio”.
Según Lev-Yadun y su colega Holopainen, que conoce todos los secretos de la ecología local, los árboles y sus insectos atacantes están expuestos a temperaturas extremas en invierno, mientras que los arbustos quedan cubiertos de nieve; “tienen un iglú natural”, señala Lev-Yadun. Así, los árboles no precisan el color rojo porque sus parásitos mueren durante la estación fría, mientras que los arbustos escandinavos necesitan mantener esta protección. Esto fue “el primer paso en la resolución del enigma”, apunta el investigador.
Siendo así, ¿por qué los árboles americanos y asiáticos se han visto obligados a conservar sus señales de advertencia, mientras que los europeos han podido prescindir de ellas? Para resolver el misterio, los científicos ampliaron su foco de estudio a las condiciones geográficas y climáticas en la historia reciente del planeta, y advirtieron una curiosa circunstancia: en Europa las principales cadenas montañosas discurren de este a oeste, mientras que en América y Asia lo hacen de norte a sur. Los humanos vivimos en la Glaciación Cuaternaria, una Edad del Hielo marcada por períodos glaciales, de frío más intenso, y otros interglaciales, como el actual, con temperaturas más moderadas.








