suelos sanos y rentabilidad ambiental y económica
Tipos de olivicultura
Los tipos de olivicultura son:
- Olivicultura tradicional. Históricamente, la olivicultura ha estado ligada a pequeñas y medianas explotaciones de secano, familiares, orientadas al trueque o al comercio básico, no a una gran producción. Con árboles centenarios, autóctonos e integrados en el paisaje.
- Olivicultura intensiva. Los árboles se plantan más juntos. Se implementa el riego por goteo y la mecanización, especialmente las máquinas vibradoras para recolectar. Aparecen enormes extensiones de monocultivo que apuestan por determinadas variedades, como la arbequina, algo que preocupa a Manzaneda: “Implica una pérdida de riqueza varietal y de diversidad genética”, asegura. El COI lidera una red internacional de bancos de germoplasma con más de 1.200 variedades de olivo de 29 países.
- Olivicultura superintensiva. La densidad de plantación aumenta, y los olivos se cultivan en seto o por espaldera, como un viñedo. “Son sistemas híper productivos pero con gran demanda de insumos y altos costes ambientales, que no se están metiendo en el denominador de la rentabilidad”, advierte Manzaneda.
Según datos del Consejo Oleícola Internacional, la producción de aceite de oliva se ha triplicado en los últimos 60 años. En 2024-2025 se esperan 3.375.500 toneladas, con España a la cabeza, seguida de Italia, Francia, Grecia y Portugal.
La olivicultura moderna se sofistica. La olivicultura de precisión, entendida como la gestión digital del campo, monitoriza el suelo, los árboles y los factores climáticos, para aplicar el mejor tratamiento en el lugar y en el momento justos. Calcular el balance de carbono (el equilibrio entre las entradas y salidas de carbono de un sistema) y facilitar la participación en futuros mercados voluntarios de créditos de carbono, será posible gracias a una herramienta y una metodología específica que desarrolla el COI. “Una hectárea de olivar puede absorber hasta 4,58 toneladas de dióxido de carbono (CO₂) al año, neutralizando así la huella de carbono anual de una persona”, desvela.
Regenerar la biodiversidad, primer paso hacia la sostenibilidad
La llegada de los fitosanitarios –pesticidas, herbicidas– a partir de los años cincuenta y sesenta del siglo XX ha tenido un efecto muy negativo sobre las cubiertas vegetales de los cultivos, y provocado la erosión del suelo, alerta Manzaneda. “Hay estudios del CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) que estiman que se está perdiendo entre el 29 % y el 40 % de suelo fértil por hectárea y año, y no es recuperable”, señala. El problema se agrava por los efectos del cambio climático. “El suelo del olivar ha dejado de prestar su función en la mayoría de los casos”, denuncia. Los árboles se alimentan con insumos que aporta el agricultor.
El experto insiste en que la olivicultura ha llevado la rentabilidad por encima de los costes de producción a costa de prácticas poco sostenibles, entre las que se incluye la sobreexplotación de los acuíferos. En su opinión, todo ello compromete la sostenibilidad del cultivo a medio plazo, “no solo la ambiental, también la económica”.
Prácticas y técnicas de la olivicultura sostenible
Sin embargo, hay ejemplos de que otra olivicultura es posible. El 8,2 % de las hectáreas de olivar que existen en el planeta están cultivadas en ecológico, según el anuario de 2024 del Instituto de Investigación de Agricultura Orgánica (FiBL por sus siglas en inglés). En ella se usan variedades autóctonas, adaptadas a su entorno. Para luchar contra las plagas se aplican medios físicos, trampas, fauna auxiliar, podas de aclareo y eliminación de partes dañadas.
Pero las diferencias de manejo entre la olivicultura tradicional y la ecológica se perciben, fundamentalmente, mirando al suelo: la segunda usa abono en verde y fertilización orgánica, nada de herbicidas, laboreo superficial –que no voltee la tierra y dañe la vida que alberga– y cubierta vegetal para evitar la erosión y la evaporación del agua.








